Te puedo ayudar

Quizá algunas de estas preguntas se parecen a lo que estás viviendo

Muchas personas llegan a terapia sintiéndose bloqueadas, desbordadas o confundidas, sin saber muy bien por dónde empezar. A veces lo que aparece es tristeza, otras veces ansiedad, dificultad para relacionarse, pensamientos repetitivos, duelo, conflictos familiares o problemas vinculados a la adopción.


¿En qué puedo ayudarte?

¿Piensas que la vida tiene poco sentido?
¿Te sientes triste o sin ganas de nada?
¿Predominan pensamientos que interfieren constantemente en tu bienestar?
¿Sientes ansiedad o te cuesta desconectar?
¿Empiezas muchas cosas y apenas finalizas ninguna?
¿Has vivido un acontecimiento altamente estresante?
¿Sientes que tu capacidad para afrontarlo está sobrepasada?
¿Quieres mejorar tu inteligencia emocional?
¿Necesitas mejorar la relación con tu familia o con tu pareja?
¿Tienes una adicción o una conducta que te preocupa?
¿Eres una persona adoptada y te sientes en conflicto?
¿Sois una familia adoptiva y necesitáis ayuda especializada?

Una imagen sencilla para entenderlo

Imagina un taburete de tres patas. Una pata representa lo que piensas, otra lo que sientes y otra cómo actúas. Cuando una de esas patas es más corta o más larga que las demás, el equilibrio se puede resentir y aparece la inestabilidad.

Muchas veces el malestar aparece cuando pensar, sentir y actuar dejan de estar en armonía. La terapia puede ayudarte a observar ese desequilibrio, comprenderlo y encontrar una forma más estable de sostenerte.

Ilustración de un taburete de tres patas como símbolo de equilibrio entre pensar, sentir y actuar

¿Qué se puede lograr con la terapia psicológica?

1

Disminuir pensamientos repetitivos aprendiendo a identificar y revisar creencias distorsionadas.

2

Reducir la sensación de malestar comprendiendo mejor la función de las emociones y lo que están señalando.

3

Afrontar mejor los problemas si aprendes a mirar con perspectiva, reflexión y mayor claridad.

4

Mejorar la autoestima desarrollando una imagen más ajustada y amable de ti misma o de ti mismo.

5

Mejorar el estado de ánimo trabajando el autocontrol, el sentido de lo que sientes y la relación con tu día a día.

6

Mejorar las relaciones sociales a través de habilidades como la escucha activa, la empatía y la asertividad.

Áreas de intervención

Depresión

A veces aparece como una tristeza persistente, una sensación de vacío, cansancio constante o pérdida de sentido. Puede venir acompañada de pensamientos sobre el propio valor, dudas respecto al futuro, soledad o la sensación de que cada día cuesta demasiado.

Ansiedad

La ansiedad suele ir ligada a preocupación constante, anticipación de problemas, miedo a perder el control, sensación de estar desbordada o desbordado, autoexigencia o necesidad de que todo esté bajo control. La mente no para, y eso desgasta.

Duelo

El duelo puede traer incredulidad, tristeza profunda, culpa, enfado, sensación de irrealidad o dificultad para imaginar cómo seguir adelante. No siempre se expresa de la misma manera, y en ocasiones necesita un espacio donde poder ser ayudado/a.

Familias adoptivas

En las familias adoptivas pueden aparecer preguntas sobre el vínculo, la identidad, la adaptación, la pertenencia o el modo de acompañar la historia de adopción. Contar con apoyo especializado puede ayudar a construir una base más segura y comprensiva.

Personas adoptadas

La experiencia adoptiva puede despertar dudas sobre el origen, la identidad, el amor, la pertenencia o la historia personal. Poder hablar de ello desde un espacio respetuoso y especializado puede ayudar a integrar preguntas, emociones y vivencias.

Adicciones y dificultades de autocontrol

Cuando una conducta puntual, en principio inocua, se acaba convirtiendo en un conjunto de hábitos que interfieren en el bienestar, las relaciones o el propio equilibrio, puede ser importante revisar qué función está cumpliendo esta conducta y cómo empezar a recuperar capacidad de elección y cuidado personal.

Un espacio para empezar

No siempre es fácil pedir ayuda ni poner en palabras lo que está ocurriendo. A veces basta con sentir que algo no va bien, que cuesta sostener el día a día o que determinados pensamientos y emociones ocupan demasiado espacio.

Si te reconoces en alguna de estas situaciones, quizá podamos empezar a hablar de ello.